Las consecuencias del abondono emocional

Algunos amigos y conocidos se dedican profesionalmente a la enseñanza. También es un terreno en el que he puesto el pie en los últimos años y estoy descubriendo que me encanta. Es un reto. El público joven es muy exigente; aunque en su mayoría, mantiene una actitud unidireccional, de receptáculo, en lugar de una proactiva y activa. No se plantean que ellos también pueden y, sobre todo, deben aportar, sino que eres tú el que debe darles y hacerlo todo. ¿Quién les ha enseñado eso? Intento hacerles cambiar de punto de vista. También en la cosa de la cultura del esfuerzo, la dedicación, la constancia. No sé si lo consigo del todo pero al menos espero haber sembrado una semilla de cuestionamiento que, con el tiempo, de sus frutos. Como a mi me ocurrió con algunos profesores.
Ya hace años que escucho decir a mis amigos, algunos de ellos con 20 o más años de experiencia, lo complicado que les está resultando enseñar a unos chavales que llegan a ciertas edades con una mochila emocional bien cargada, y que les sobrepasa. Y estoy comprobando las consecuencias de la falta de educación sentimental. Por no decir, abandono emocional. Claro está que no podemos enseñar a nuestros hijos lo que no sabemos personalmente. Siempre digo que el ser humano somos material altamente sensible, muy vulnerable, aunque nosotros nos contemos otras historias.
En un claustro de profesores, alguien dijo que muy probablemente los profesores tendremos que formarnos en psicología -o algo parecido- para poder atender ciertas situaciones que nos vamos encontrando en clase: depresión, ataques de ansiedad, incluso brotes psicóticos. ¿Para qué? Para poder conseguir transmitir, educar, enseñar, sacar lo mejor de cada chaval. Cada vez resulta más complicado transmitir contenidos, cuando al 80% de la clase le ocurre algo. El 80% o más.
Bueno, pues, no sólo los profesores tendremos que aprender de otras disciplinas para conseguir enseñar. Los padres también tienen su parcela. Hay padres que confunden la logística con el amor. A veces siento que nos pasamos el asunto como una patata caliente. Es una cuestión social. Casi me atrevo a decir que de emergencia social. Porque ¿cuál va a ser el futuro de estos chicos? O el futuro de nuestra sociedad. ¿Cuáles son las repercusiones si uno proyecta ese 80% de algo me pasa a largo plazo? Considero que los adultos, ya que somos los adultos, tenemos algunas responsabilidades y trabajo por hacer.

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